Gritos ahogados en lo que creía una perfecta postura
En el humo del cigarro se iba dosificando la agonía
Y el dolor físico, como una punzada en el centro del pecho.
Con la última gota de ese brindis se rompió el cristal perfecto de ese sueño
Sabía que no me volverías a besar...
Y aunque el dolor se apoderó de cada una de las células
el escape parecía la única opción.
No pude aniquilar tu sufrimiento ni construirte seguridad
No logré acabar con los fantasmas
No fui suficiente...
En cada paso que me acercaba al final
Se encendía la súplica silenciosa que fue ignorada por tu voz pidiéndome no llorar.

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